lunes, 28 de septiembre de 2009

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Por Lic. Helena Flórez de Fuentes
Miembro del Epap
Parroquia Santa Rosa de Lima (Cantagallo)

Chucureño de pura cepa. De un hogar humilde pero lleno de mucho amor, comprensión, fe en Cristo y con los valores bien cimentados. De ocho hermanos ocupa el cuarto lugar con su gemelo Gregorio. Hijo de don Luis Alfredo Beltrán y doña Ana Dolores Toledo De Beltrán, hoy fallecidos, oriundos de San Vicente de Chucurí (Santander), tierra cacaotera, remanso de paz y mucha prosperidad.

Desde niño se inclinó por las cosas de Dios y la iglesia, desempeñando labores de: acólito, sacristán, catequista y participando activamente en los grupos juveniles. Terminó su Bachillerato en el Colegio Integrado Camilo Torres de su pueblo natal. A los 17 años, siguiendo los consejos del padre Floresmiro ingresó al Seminario de San Gil; vivió una corta experiencia con la comunidad de los Franciscanos. Pasada ésta, regresa nuevamente al Seminario La Mies de la Ceja Antioquia.

En 2001 es ordenado Diácono y llega a Cantagallo en julio de 2002 bajo la orientación del padre Ever De Arco Solano, en ese entonces, de la parroquia Nuestra Señora del Carmen en Puerto Wilches. En las festividades patronales, Monseñor Jaime Prieto Amaya, anuncia que Alfredito sería nuestro párroco y el 29 de septiembre se inaugura la Parroquia Santa Rosa de Lima. El 26 de octubre de ese mismo año es ordenado Presbítero de la Diócesis de Barrancabermeja.

Desde que este joven sacerdote llegó hace siete años a nuestra tierra se convirtió en el mejor Pastor y excelente guía espiritual, para ser el mensajero de JESÚS y sembrar en nuestras almas la luz de su palabra. Con su sabiduría, inteligencia, carisma, buen humor y disponibilidad de servicio ha logrado que la Casa Parroquial sea de puertas abiertas, sin distingos de raza, credo, color, ideas políticas o edad.

En Cantagallo formó parte del grupo de docentes en la Institución Educativa José María Vargas Vila con los alumnos del Bachillerato Nocturno. Director de la oficina PSICO-SOCIAL en el Centro de Convivencia Ciudadana, colaborando en la solución de conflictos familiares y sociales, de la mano con la primera dama del municipio; ayudando a la Psicopedagoga en los problemas de los alumnos de la Institución; repartiendo mercados y enseres donados por Ecopetrol a las familias de los desplazados y demás necesitados; socorriendo en las inundaciones a los que se encontraban en peligro; porque para “Alfredito” los problemas de la comunidad eran también suyos. Por todo eso, para nosotros ha sido como un hijo adoptivo, un hermano, el amigo siempre dispuesto a escuchar y a dar consejos, logrando atraer cada día más feligreses a la iglesia católica.

Estas características nos llenan de orgullo, porque como dice él: aquí creció y se fortaleció como Sacerdote; pero también de nostalgia porque se nos va dejando un gran vacío en nuestros corazones. A la vez sentimos gozo porque va a enriquecer sus conocimientos, abrirse nuevos horizontes y a seguir creciendo como Pastor y amigo de otras familias y nuevas comunidades.

No te decimos adiós “Alfredito”, sino hasta luego, porque sabemos que volverás de visita y aquí te esperaremos con los brazos abiertos.

Perdona los malos ratos que sin querer te hicimos pasar. Gracias, mil gracias por darnos parte de tu vida, por tu cariño y por tu amor en Cristo. Dios derrame muchas bendiciones sobre ti.

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